El Portón Mágico

Por: Lic. Mónica Lewin

Una herramienta que utilizamos frecuentemente en terapia con PNL son cuentos con un mensaje, contenido, o la resolución de algún problema.

A través del cuento llegamos rápidamente al inconciente del otro y lo ayudamos a desarrollar el lado derecho del cerebro (lo intuitivo, no racional).

El mensaje del cuento llega, estimula la creatividad del lector, y la persona sin darse cuenta tiene más herramientas para resolver una situación problemática.

A continuación va un cuento que escribí en mis últimas vacaciones, que lo disfruten.

Había una vez un portón de madera perdido en la selva de Guatemala...

El portón estaba sostenido por dos bisagras, suavemente abría hacia adelante y hacia atrás, a la vez que lo escuchábamos crujir. Después de muchas horas de camino de montaña, con infinitas curvas y contra curvas, nos subimos a una combi que a toda velocidad trepaba por caminos de piedra que se abrían en la tupida vegetación selvática.

Delante de nuestros ojos pasaban plantas de café, palmeras, bananeros , mariposas de colores, orquídeas y otras especies exóticas.

Maravillados por tanta belleza llegamos a Lanquín, caminamos un kilómetro más y llegamos al portón de madera, cerca corría un río de aguas claras color turquesa, todos disfrutábamos el río y en los días cálidos nos bañábamos en sus aguas cristalinas.

En los días siguientes pasamos por el portón indistintamente hacia un lado y hacia el otro.

Hacia un lado entrábamos en un paraje con cabañas de madera y techo de paja, construidas respetando la ecología del lugar. Un eco lodge, llamado El Retiro.

Por sus senderos caminaban rubios, gringos que hablaban en inglés, alemán, hebreo y otras lenguas europeas, comíamos con ellos en el comedor vegetariano y compartíamos los dormitorios.

Mientras descansábamos en una hamaca, los veíamos llegar e irse con pesadas mochilas en la espalda, en las que llevaban sus pertenencias. Hacia el otro lado del portón había una villa Guatemalteca, habitada por descendientes de los mayas, vestían ropa tejida en telar, cargaban canastas con fruta y comida en sus cabezas.

Preparaban tortillas de maíz para comer y hablaban en dialecto maya, uno de los veintidós dialectos que se hablan en Guatemala.

Cuando nos veían pasar, nos miraban con sus grandes ojos marrones con asombro y a veces con susto, mientras que se reían entre ellos. Como sudamericanos nos preguntábamos a que mundo pertenecemos.

Solo un portón sin cerrojo separaba un mundo del otro.